CIUDADES IMPERIALES

Reciben este nombre las cuatro ciudades que han sido, a lo largo de los siglos, capitales de Marruecos. Cargadas de historia y monumentos, cada una de ellas posee un carácter propio y diferente.


RABAT

Ciudad de Marruecos desde 1912, es una ciudad elegante y tranquila, que contrasta con su excitante pasado. Fundada en el siglo X como ribat (monasterio fortificado), fue la capital de Yacub Al-Mansur en el siglo XII y de Sidi Mohammed ben Adballah en el siglo XVII. Poblada desde el siglo III a.C., albergó un puerto fenicio, más tarde cartaginés y finalmente romano.

Ningún viajero deseoso de profundizar en Rabat debe olvidar acercarse al Palacio Real, y visitar el Mausoleo de Mohammed V, la Medina (y su zoco), protegida al sur por la Muralla de los Andaluces, la Alcazaba de los Oudaias (con su puerta monumental, el Museo de Artes Marroquíes, el Museo Nacional de Artesanía y el Café Moro, ideal para descansar tomando un té a la menta y un exquisito cuerno de gacela), la Torre Hassan (y su explanada, restos de la mezquita inacabada de Al Mansur).


FES

Es la primera de las ciudades imperiales, ya que se remonta al siglo VIII. Es también la primera ciudad de culto musulmán de Marruecos y posee una de las Universidades más antiguas del mundo. Todas estas primicias hacen de Fes una ciudad particularmente atractiva por su potencia cultural, aún hoy viva e influyente.

Entre sus monumentos, ocupan un lugar muy destacado las Mezquitas Karaouine y de los Andaluces, construídas, según la leyenda, por dos herederas de un kairuaní exiliado, en el siglo IX. También las numerosas Medersas (Escuelas Coránicas), como Chahrij, Bouinania (con su reloj de pared con carrillón de 1357), y especialmente Attarin, construídas entre los siglos XIII y XVII por tres dinastías diferentes. Merecen, además, una visita, los museos de Arte Marroquí (Batha) y el de Armas (Bordj Nord).


MEKNÉS

Meknassa ez-Zeitoun (Meknasa de los Olivos) es una fundación bereber del siglo IX, pero hasta 1069 no toma su verdadero carácter, cuando los Almorávides construyen un bastión y una alcazaba. Tras pasar por asedios, conquistas, abandonos y reconstrucciones. Meknés alcanza su apogeo bajo el reinado de Mulay Ismail. Este sultán alaouí, contemporáneo del Rey Sol, Luis XIV de Francia., embelleció Meknés dotándola de murallas con puertas monumentales, jardines, mezquitas, alcazabas, y su primer palacio, Dar Kebira. El resultado es una de las ciudades más bellas y fascinantes de Marruecos.

Además de recorrer las murallas, perderse en la medina y regatear en los zocos, el viajero debe dirigir sus pasos hacia el Mausoleo de Mulay Ismail, las puertas Bab El Mansur, Bab Berdain y Bab El-Jemis, el Estanque de Adgal, la Medersa Bou Inania, los fabulosos Jardines de los Sultanes, los graneros (Heri es-Suani), las gigantescas caballerizas y el Museo de Arte Marroquí en Dar Jamai.


MARRAKECH

Una de las ciudades preferidas por los turistas españoles, y la que ha dado su nombre a todo el pais. Los orígenes de la ciudad son oscuros, pero se acepta comúnmente que comenzó siendo un campamento militar establecido por Abu Bekr, un gran jefe almorávide, en 1070. Su primo y sucesor, Yusef Ben Tachfin es quien comienza la tarea de convertir el oasis primitivo en una capital digna de su imperio, que se extendía desde el Atlántico has Argelia y desde el Sáhara al Ebro. La conquista almohade hizo casi desaparecer las primeras construcciones, que fueron reemplazadas por otras, muchas de las cuales podemos admirar aún hoy.

La enumeración de los lugares y monumentos de Marrakech puede ser interminable. Pero puede darse una idea de su riqueza y variedad mencionando la Plaza de Jemaa el Fna (absolutamente indispensable sumergirse en ella y en el cercano zoco), la Mezquita y el Alminar de la Koutoubia (gemela de la Giralda), la Medersa Ben Yussef, la Menara, el Museo de Dar Si Said, el Jardín del Agdal, las Tumbas de los Saadianos y los Palacios Badi y de la Bahia. Si el viaje coincide con el mes de junio, no puede perderse el Festival Nacional de Folklore que reúne las mejores expresiones de la música, el canto y la danza popular en Marrakech.




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